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Cuando Willie Lyons, ganadero de Hawke's Bay, se hizo cargo de la explotación familiar de ovino y vacuno de carne, con 100 años de historia, lo más difícil no fue heredar la tierra, sino aprender a tomar las decisiones que conlleva.

Lyons gestiona Glenalvon de una forma distinta a la mayoría. Es el propietario y supervisa el negocio mientras trabaja fuera de la explotación, y el encargado, Tim Fairweather, dirige las operaciones del día a día. Ese modelo solo funciona si ambos ven la misma realidad, y ahí es donde la tecnología demuestra su valor.

Desde el software financiero y las plataformas de gestión ganadera hasta el vallado virtual, los datos en tiempo real de la explotación han sustituido las suposiciones por evidencias. Lyons lo describe como “un antes y un después”: en lugar de basarse en lo que la gente cree que está pasando, las decisiones se toman a partir de lo que realmente se tiene delante.

En una mesa redonda de Gallagher Animal Management en National Fieldays, Lyons defendió que la sucesión es una transferencia de decisiones, no solo de bienes. Con Nueva Zelanda ante una de las mayores transferencias intergeneracionales de patrimonio agrario de su historia, las explotaciones que mejor la afronten serán aquellas en las que el conocimiento no esté encerrado en la cabeza de una sola persona.

En el caso del vallado virtual, ese es el segundo beneficio, más discreto. Además de las mejoras en el pastoreo, pone la ubicación del ganado, sus movimientos y el uso del pasto a la vista de todos los que necesitan verlo: el propietario, el encargado y la generación que viene detrás.

Lea la historia completa en el Gallagher Knowledge Hub.